Tal vez fuiste una tijera en nuestra historia, no saboreaste lo mejor de mi, mientras hurtabas lo especial de ella.
Tu belleza es un engaño, tu espíritu no le hace justicia, nos sugerías tu amor por el blanco, podíamos ver solo tu adoración por el vacío y todos los escalofríos que transmitiste a nuestros cuerpos nunca pudieron alcanzar la sangre. Así yo, observando vuestros ojos al centro de un beso embriago, pude asignar mas valor a la mujer herida en el vientre en nombre de una vida mas intensa.
Eramos funambulos a una altura eminente, quizá cortaste nuestro equilibrio y ahora precipitamos a lo infinito.
Fue hermoso y excitante, acabó en el río blanco de tu espalda, en las rocas mojadas de tus vertebras, pero el amanecer me vió abrazado a alguien mas...

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